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ROBALIZAS Articulo "Lo que las reinas quieran tomar"
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¿Qué tiene de especial la plateada lubina? -

Nunca puede ser exagerado llamar "la reina" de la pesca deportiva del mar a la lubina, ningún otro pez ha conseguido tanta repercusión popular a nivel de la pesca deportiva europea en el mar. Todos conocemos los espectaculares y deportivos monstruos que pueblan las aguas más cálidas del mediterráneo como las anjovas y los palometones, o los grandes marlins de Las Canarias o Las Azores pero la limitación geográfica de los primeros y las limitaciones físicas y económicas para la pesca de los segundos deja a la lubina como la principal especie para la pesca a spinning marino a nivel del continente.

Ya nuestros abuelos la consideraban un pez especial, mucho más valorado que los demás por su lucha y su recelo a tomar las muestras que les ofrecemos, además de los ambientes que frecuenta buscando la oxigenación de las aguas, la caza escondida en la espuma y que nos obliga muchas veces a cometer más imprudencias de las que cualquier trofeo merecen.

Fueron también nuestros abuelos los que inventaron los primeros señuelos eficaces para engañarlas, los chivos, las cirras o las cucharillas ondulantes que llegaron a nuestros días perfeccionados generación tras generación pero conservando toda su esencia original.

Por desgracia los tiempos en los que las lubinas eran tan abundantes que era imposible volver a casa sin ninguna pieza nos quedan muy lejos, y como en cualquier otra modalidad de pesca deportiva en el mar que pueda practicar el lector la sobreexplotación de los recursos pesqueros y la estrechez de miras de las autoridades que no ven en los peces del mar más que comida para los votantes, está llevando también a esta especie a mínimos históricos. Esto nos plantea a los pescadores dos cuestiones principales, la práctica de la captura y suelta para aportar nuestro granito de arena a la conservación de la especie y por otro lado al desarrollo de técnicas y materiales más efectivos y de máximo rendimiento para enganchar a la resabiada reina.

Otro aspecto en el que hemos cambiado los pescadores de robaliza es en que ya no buscamos las capturas únicamente en la espuma. Los nuevos señuelos más realistas, los equipos optimizados que permite lanzar lejos muestras más ligeras y más efectivas en su vuelo nos han abierto las puertas de todo el litoral, y cualquier punto de la costa susceptible de tener una lubina ya es una buena zona de pesca.

- Hacia donde estamos evolucionando en su pesca-

Las principales evoluciones en las técnicas de pesca que actualmente aplicamos nos vienen del mundo del Black Bass, el cual es de largo de que más investigación y desarrollo aporta a la pesca de depredadores, así señuelos tan archiconocidos por los pescadores del Bass como los paseantes, vinilos o poppers o técnicas como el "walking the dog", "twitching" "jerking"... que los bassmaníacos manejan día a día son todavía grandes desconocidas por una gran parte de los lubineros.

La aplicación de la investigación en el mundo del Bass a la pesca de la lubina se la debemos en cuanto a técnicas principalmente a los franceses que han sido los pioneros en adaptar éstas al Labrax y a los japoneses en el desarrollo de cañas, carretes y señuelos para sus suzukas (el equivalente asiático de nuestra robaliza) aunque gracias a internet nos está empezando a llegar información muy útil de lo que se aplica en USA con los striped Bass y que se puede reciclar perfectamente para nuestras costas.

De todas las modalidades de pesca a spinning de la lubina, la que más adeptos está cogiendo a lo largo de los últimos años es la pesca en superficie en las zonas intermareales, sobre todo con paseantes.

Los paseantes son señuelos sin babero que imitan a un pez herido, trabajan en la superficie y es el propio pescador quien le tiene que dar vida con los múltiples movimientos de su caña. La satisfacción de hacer subir a una lubina a atacar la muestra a la superficie y disfrutar de las décimas de segundo en las que descarga su agresividad sobre el señuelo es una imagen que se queda fijada de por vida en la retina del pescador, que posiblemente agradecerá más esos instantes de adrenalina pura que el llevarse la cena para casa. Otra gran diferencia de la pesca en superficie con respecto a la pesca más tradicional de minows, es que gracias a las gafas polarizadas podemos seguir toda la faena del ataque, desde que viene detrás del señuelo hasta que decide morder, por lo que se disfruta de su presencia durante más rato. Esto lo entenderá perfectamente el pescador de mosca o el de Bass que ya ha pescado en superficie.

- Características de los materiales-

Los materiales ideales para este tipo de pesca con una caña de 2,70 a 3,00 metros, aunque en verano gracias a la benevolencia estival del mar podemos incluso bajar a una 2,40. La caña corta facilita el manejo y el desarrollo de la técnica. Además van mejor las de una acción fast con potencia media y que lance señuelos entre 15 y 40 gramos aproximadamente. Hay un gran número de candidatas en un abanico de precios desde los 50 € hasta donde uno quiera llegar.

En cuanto al carrete es donde la cosa se complica un poquito más. El carrete es mejor que sea de una cierta calidad para las millones de vueltas que dará a lo largo de su vida útil sin que pierda tracción ni coja holguras. Esta será, seguro, nuestra mayor inversión. El tamaño sobre un 4000 o un 5000. La recuperación será la habitual de los carretes de spinning que no sea inferior a 5:1 ya que si no nos resultará muy cansado dar vida e imprimir agilidad en el señuelo. Actualmente cualquier carrete de una cierta calidad está adaptado a la recogida específica que requieren los hilos trenzados y en general todas las brainted lines. Si nuestro carrete no bobina en perfectas condiciones provocará las temidas "pelucas" de hilo que acabarán con nuestra paciencia y con la jornada de pesca. Así lo que ahorraríamos en un carrete de una gama inferior lo tendríamos que gastar en reponer hilos...

Debe de estar relleno de un trenzado de buena calidad que resista unos 10 Kgm o las 20 Lb, pudiendo bajar a 10 Lb cuando se trabaja en rías, estuarios y zonas donde la línea no tenga mucho roce contra las rocas. El trenzado con su elasticidad casi nula nos facilita que los movimientos que realizamos con la puntera se transmitan íntegramente a la muestra, sin perder efectividad por la elasticidad del hilo. Entre el trenzado y el señuelo no está de más poner un bajo de 1 metro de monofilamento. Aunque no es imprescindible aguanta mejor los roces con las rocas, amortigua un poco la rigidez del trenzado y si lo cambiamos en cada jornada de pesca nos protegerá durante más tiempo el trenzado. Recomendamos un diámetro del bajo de entre 0,20 y 0,45 dependiendo de la zona a pescar junto con las condiciones y estado de la mar.

Es importante que la unión entre el bajo y el señuelo se haga con una buena grapa. De los cientos de modelos que nos ofrece el mercado las mejores son las que presentan una zona de enganche amplia para que el señuelo se pueda mover con libertad cuando apliquemos sobre él los movimientos desde la caña. Las principales funciones de la grapa son mejorar la transmisión de las técnicas a la muestra, ya que si atamos el bajo directo no trabajará con la misma libertad, y por otro lado facilitar el cambio de paseante si llegado el momento es necesario hacerlo.

Algo que si bien no es imprescindible, con el tiempo será una parte importante de nuestro equipo de pesca en superficie son las gafas polarizadas. Protegen nuestra retina de los dañinos reflejos del sol en la superficie del agua, nos aliviará dolores de cabeza tras varias horas entornando los ojos para evitar esos reflejos y nos facilitará la visión del fondo y del desarrollo de nuestro paseante. Esta será realmente una buena inversión y nos permitirá disfrutar de imágenes inolvidables que de otra forma los propios reflejos del agua nos privarían.

-En cuanto a los paseantes -

Dicho esto nos metemos en la gran faena, los paseantes que elegimos dentro los 10 y los 15 cms de longitud, en cuanto a modelos y marcas cada uno debe de probar hasta dar con los que más le gustan, pero para comenzar con los movimientos básicos el mejor candidato y con él ha aprendido casi cualquier lubinero que pesque en superficie es el Súper Spook de heddon. Fácil de mover, barato, eficaz como el que más y aguanta las olas como pocos. Un buen consejo es cambiarle los triples que trae por otros de mayor calidad y más potentes (y esto es válido para casi todos los señuelos) ya que una buena lubina puede hacer filigranas con la mayoría de los anzuelos que vienen de origen.

Las principales cualidades de este tipo de engaños son por un lado el movimiento que realizan en zig zag (walking the dog) que podemos variar dando más o menos tiempo entre cada toque de la puntera para así conseguir sliders (movimientos en zig zag más amplios), paradas o arrastradas imitando a un pez que escapa a un depredador. La otra cualidad son los sonidos que emiten, salpicando agua con el morro o mediante los rattling que llevan y que aprovechando la curiosidad de la loba hacen que esta se acerque a ver qué ocurre desde una cierta distancia. Esta cualidad no la presentan la mayoría de señuelos que utilizamos habitualmente.

En cuanto al tipo de rattling, después de comentarlo entre cientos de pescadores, parece que mejor los de sonidos graves (bolas metálicas grandes) en zonas más profundas y los de sonidos agudos (pequeñas bolas de glass) en aguas más someras.

Iremos probando diferentes combinaciones de movimientos y cadencia de ritmo hasta dar con el que ese día provoque más ataques. Los ataques que pega la lubina al paseante, como ya comentamos previamente, son muy rápidos, por lo que aún cuando llevemos años pescando fallaremos bastantes, (otras veces son ellas las que fallan la mordida), el truco puede estar en tener un par de segundos más de templanza, y esperar a que lo tenga bien en la boca, lo cual se traduce en esperar a dar el cachete cuando notamos la embestida en la caña y no cuando vemos el ataque. Esto es fácil escribirlo pero no tanto llevarlo a la práctica en el terreno por el susto que nos da y muchas veces la imprevisibilidad de la picada no nos facilita clavar a la pieza.

Cuando movamos la muestra tendremos en cuenta cómo responde a lo le pedimos con la puntera. Así si levantamos más la punta de la caña tenderá a sacar la cabeza fuera del agua y a salpicar más, lo que puede resultar interesante en días de poca actividad, o al contrario bajar la puntera para marcar más el movimiento en zigzag. Todas estas habilidades las irá desarrollando la paciencia, la observación y la experiencia. Nada nuevo para cualquier pescador que se precie de ello.

-En cuanto a colores...-

Esta es otra rareza que nos caracteriza a cada pescador, cada uno confía en los suyos, o cuantos más colores para variar mejor... ¿Hasta qué punto es importante el color que usemos?

La lubina guía su ataque hacia la posible presa mediante el uso de sus sentidos, la diferencia principal con respecto a otros peces no depredadores es el predominio de la percepción táctil/sonora. Las vibraciones o sonidos realizados por la presa en el agua serán mejor detectadas mediante el uso de la línea perceptiva lateral de lo que será su imagen por la vista. Suponemos que la vista la usa en el último momento para dirigir más eficazmente el ataque, pero la detección del señuelo lo realiza principalmente por las vibraciones emitidas por este.

Así podemos concluir que el color no en lo más importante, sino los movimientos y los sonidos emitidos por el propio señuelo o por el agua que desplaza en su recorrido. De todas formas, y por tener una guía a seguir y que la lubina no rechace nuestra trampa en el último momento cuando ya lo ha detectado y perseguido, optaremos por colores naturales y cuerpos translúcidos en días claros con aguas claras. Colores verdosos o azulados con brillos intensos en días despejados con agua turbia y por último colores blancos o fosforitos en los días nublados y oscuros.

De todas formas esto no deja de ser una guía, finalmente será el propio pescador con su experiencia el que decidirá en cada momento que color utilizar y por qué.

-Donde funcionan mejor los paseantes -

La teoría nos dice que podemos pescar lubinas a paseante en cualquier entorno, todo sería cuestión de adaptar el tipo de paseante a las condiciones del terreno. Así en la rompiente optaremos por señuelos más voluminosos y pesados, con ratling potente, mientras que el extremo contrario serían paseantes de unos 10 cms para los interiores de las rías o zonas más calmas.

Todo esto requerirá de la experimentación in situ del pescador, ya que el mercado nos ofrece cientos de posibilidades, y con el tiempo se descubrirá que hay paseantes de 10 cms que aguantan bien el mar y otros de 13 ó 15 cms que pueden funcionar en condiciones de calma extrema.

Pero desde luego, el entorno en que mejor se manejan y donde son realmente mortales es en la zona intermareal. La cantidad de posibilidades que ofrece esta zona son muy bien aprovechadas por la lubina en busca de cangrejos, poliquetos o peces heridos. Si hacemos una buena presentación de nuestro señuelo es posible que tengamos éxito, pero para esto tendremos en cuenta unos cuantos factores.

Siempre que podemos observaremos la zona de pesca con la bajamar, estudiaremos por donde entra el agua cuando se está llenando (por aquí entrará habitualmente el pescado), y por donde vacía. Las gafas polarizadas son de gran ayuda en esta tarea, facilitándonos el estudio del fondo y de los puntos de interés cubiertos por el agua. Buscaremos las zonas de canales o posibles piedras querenciosas en las que la lubina pueda aprovechar el factor sorpresa en su ataque. Unas piedras solitarias en medio de la arena, unas agujas generando un canal de salida por donde el agua arrastra alimento, unas rocas más expuestas al golpeo de las olas.... Con nuestra caña exploraremos todos estos puntos, con distintos tipos de movimiento en el paseante hasta tener éxito.

Si no podemos visitar la zona de pesca en bajamar será un poquito más complicado, pero no imposible. La observación de la superficie del agua nos mostrará zonas donde el agua no "trabaje" igual, bien porque oculte un obstáculo, bien porque las corrientes se mueven diferente en esa zona... Todos estos detalles deben de ser importantes para el que pretenda tener éxito en este tipo de pesca. Cuando la marea esté bajando prestaremos atención a algún objeto que flote arrastrado por la marea para tener una guía del vaciado del pesquil. Esto nos puede dar una pista de adonde dirigir nuestros lances.

La lubina cazando en esta zona intermareal no suele ser indiferente a un paseante bien presentado, imitando a una posible presa en problemas, o lo conocido más vulgarmente como comida fácil, aunque si es cierto que en ocasiones nos veremos frustrados por su indiferencia a la muestra tras un seguimiento más o menos largo. En estos lances son varias las tácticas que podemos adoptar. Primero intentaremos parar el señuelo para hacer una arrancada rápida a continuación. También podemos cambiar la cadencia o el tipo de movimiento que estamos realizando. La solución suele estar en hacer algo que irrite y provoque el ataque de la reina, y si todo esto no funciona probaremos con otro señuelo lo más parecido posible a la realidad, de colores discretos e incluso sin rattling.

Son muchas las veces en que los ataques suceden por una defensa atroz de su territorio de caza, sobre todo con piezas más pequeñas. El comportamiento en muy curioso de observar cuando en lugar de morder el señuelo lo golpean con la cola, impulsándolo incluso a varios metros. Todas estas situaciones obligan al pescador a pensar mucho y a buscar siempre estrategias nuevas, siendo éste uno de los principales atractivos de la pesca de la robaliza en superficie con paseante y por lo cual cada día son más los pescadores enganchados con esta técnica.


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