Cuando interrogas la cara de una piedra situada a 60 m, crees saber lo que buscas y cuál puede ser la respuesta; normalmente, esta se traduce en algún dentón o algún abadejo, pero puede ser que, eso sí, rara vez, esta se materialice en un mero con musculo para llevarte al agua o, como poco, destrozar tu aparejo. Pues eso, la suerte quiso que me topase con uno y que, redoblando sus esfuerzos, no pasase ni una ni otra cosa. El aparejo aguanto y logre mantenerme seco (A dios, gracias!).
Del lance he podido extraer varias cosas: la experiencia, la emoción, la foto y la toma de conciencia del riesgo que esto entraña. De todo ello me quedo primero, o tengo que quedarme, con esto último. Pelear un animal de este porte, de esta especie, a 2.5 km de la costa , sobre un kayak cerrado, y solo, arroja demasiadas interrogantes sobre cuál puede ser el resultado del lance.
En segundo lugar, me quedaría con la emoción; con la emoción aparejada a ver flaquear al freno de tu carrete, con la derivada de ver emerger el cuerpo enchido del animal, con la emocion que se esconde tras el latido sordo de tu corazón.
No todo ha sido grande, menos mal. También han hecho acto de presencia la lechas y alguna que otra breca, capturas tan honrosas y, si cabe, más valientes que nuestro mero.
Un fuerte abrazo
Gaspar
http://pescaenkayak.wordpress.com/2009/12/09/extreme-kayak-jigging/
















